SILVIA FLECHOSO

Pandemia

PANDEMIA (Silvia Flechoso, óleo sobre lienzo 200 x 200 cm, Madrid 2020)

«Pandemia», simboliza la trascendencia ante la contingencia. Es una obra creada durante la cuarentena del Covid-19. 

La idea del cuadro nació de la imagen del Pantokrátor. El marco externo de cuadrados blancos y negros representa la dualidad del mundo de luces y sombras en que los seres humanos estamos inmersos. Hay cinco figuras: Cuatro en las esquinas representando los cuatro elementos con las prendas del color asignado a cada elemento (verde-tierra, azul-agua, rojo-fuego, amarillo-aire) y una figura central representando la quintaesencia que se refleja en dos espejos a los laterales del cuadro.

Los dos elementos más densos (la tierra y el agua) aparecen en la parte inferior del cuadro, y los más sutiles (fuego y aire), en la parte superior. Los más densos aparecen contraídos, como el conejito que está en una jaula sin poder hacer nada; los más sutiles están boca arriba, como la figura del colgado que le da la vuelta al mundo y accede a la realidad superior (por eso sus pies atraviesan el velo de los colores e ingresan en el cielo).

La figura central emerge de la almendra mística en forma de vésica piscis (cuya construcción consiste en dos circunferencias que pasan su límite la una por el centro de la otra) llena de luz. Esta vésica piscis es la gran vagina cósmica o la llama de la vela. El cuadro tiene dos lecturas: la de la venida del ser de luz al mundo material por una lado y la de la trascendencia del ser humano desde le mundo material ingresando en el mundo divino. El despliegue de la figura central en los espejos de los extremos laterales genera un triángulo y narra cómo el ser único pasa a la dualidad macho-hembra o/y cómo la dualidad se auna. La figura central tiene abierta la pechera como quien abre el corazón, las manos en señal de recibir y de entregar y la mirada la fija en el cielo, lo eterno. Está vestida con un pijama, a modo de traje interdimensional y se eleva sobre la esfera azul del mundo. Está coronado por un coronavirus dorado y violeta.

El coronavirus nos señala el bloqueo en nuestro chakra corona, centro energético que nos hace conscientes de nuestra divinidad y conexión con todas las cosas. 

La figura central, que ha vuelto toda la atención hacia sí misma y el reino de la luz que habita, es consciente de la divinidad y por ello tiene el poder de trascender la contingencia material que nos limita; está más allá del conflicto porque ha superado la dualidad.

A su vez la escena evoca la carta de color de las televisiones, ese “NO SIGNAL” que es un punto que está fuera del programa. Como en cualquier momento de crisis, de caos, de nada desde donde todo puede ser creado de nuevo replanteando radicalmente nuestras creencias y programas mentales. Ese punto crítico nos permite reprogramarnos de nuevo, esa brecha, ese agujero, nos permite ver la luz y crear el mundo de nuevo, conscientes plenamente de nuestro poder creador.

El cielo estrellado es un entramado de flores de la vida, significando la humanidad, cada ser humano es una estrella, y estamos todos interconectados por nuestro corazón, abierto, como el de la figura central.