SILVIA FLECHOSO

Oro

ORO (Silvia Flechoso, óleo sobre lienzo 200 x 200 cm, Madrid 2020)

Inspirado en el tema de  La Anunciación, concretamente del cuadro de La Anunciación de Fra Angelico, que tuve ocasión de ver en la exposición monográfica que llevó a cabo el Museo del Prado en 2019 con motivo de su restauración: Quedé absolutamente fascinada  tanto por su forma de aplicar el color, como por su trabajo con el pan de oro, al que proporcionaba exquisitos relieves.

«Oro» se compone fundamentalmente de tres planos: un área negra, otra blanca y otra roja, que son los colores que se corresponden con las tres fases de la alquimia: nigredo, albedo y rubedo. La historia que refleja el cuadro es la de la transformación de uno mismo desde la densidad de la materia hasta el oro filosofal: desde la vibración densa del miedo y el sufrimiento, hasta la sutil vibración del amor.

En la zona negra (la región oscura y densa del cosmos, que es donde estamos nosotros como cuerpos) aparece la figura de la Virgen María: la materia virgen que hay en nosotros; en la zona blanca (la región de luz sutil en el cosmos, la parte luminosa y divina que hay en nosotros) la figura suspendida es el ángel o el ser superior que hay en nosotros, encargado de comunicar el poder creador (luz representada a través de la gráfica) a la materia virgen para dotarla de forma; en la zona carmín (que representa el lapis, o sea, la región del Uno que trasciende toda oposición) salpicada de estrellas doradas en un entramado de flores de la vida significando armonía y equilibrio, se encuentra el hijo, es decir, la Obra: síntesis resultante de la conjunción del poder creador y la materia virgen.

Una gráfica de velas japonesas atraviesa el cuadro pasando por los tres planos; parte del pecho del ángel, penetrando en un hilo finísimo por la cabeza de la Virgen, para rebotar y ascender hasta salir por la esquina superior derecha en el rostro del Hijo. Esa gráfica se corresponde con el Futuros Oro. El oro tiene un rico contenido simbólico desde tiempos muy remotos, considerándose un metal ligado a la divinidad por su incorruptibilidad, el último punto del proceso alquímico, relacionado con el corazón, sol, la vida, la belleza, el brillo, el poder, la pureza y la luz. Parte del corazón del ángel, donde reza «Let it be» (inspirado en la canción de los Beatles), porque amar consiste en ser y permitir ser. Esa energía del amor codificada a través de la gráfica del oro es la que llega hasta nosotros (quienes vivimos en un cuerpo material, en un plano denso y oscuro de la materia) penetra por nuestro chakra corona y nos inspira a hacer grandes y hermosas cosas en el mundo, llevar a cabo La Gran Obra de la alquimia, convertirnos en el Hijo, es decir, encarnar la mejor versión de nosotros mismos, donde lo divino se revela en la carne.

El retrato de Saint Germain aparece en la parte superior izquierda de la región oscura. Saint Germain es un maestro ascendido que nos legó «El Libro de Oro», un tratado que nos recuerda nuestro origen divino y el poder creador de nuestro verbo. Lo he situado junto a la materia virgen como un guía, como un recordatorio para emplear correctamente nuestro poder y producir formas correctas, verdaderas y hermosas en la materia virgen que está bajo nuestra responsabilidad.

El círculo negro en la parte superior, rodeado de una luz amarilla flúor representa el corazón. Un agujero negro a través de cual la luz puede circular. Un canal vacío y abierto que simplemente permite el paso de la luz. Este cuadro es como un gran corazón abierto que muestra sus procesos.

La carta de color en la pare inferior relata lo mismo que el cuadro. En la región de luz vemos una gradación de color que pasa por siete tonos desde el violeta hasta el rojo. El violeta, relacionado con el chakra corona (coronilla, sede de la divinidad en el ser humano), representa la vibración más sutil; según nos vamos acercando a la región de sombra, la vibración de hace más gruesa, hasta llegar al rojo, que es la vibración más lenta, gruesa y densa, cuya correspondencia se encuentra en el chakra raíz (genitales y coxis, sede los impulsos más básicos de superviviencia). También apreciamos un triángulo negro, que representa el nivel de densidad) que va aumentando su altura (como el volumen) desde 0 en el extremo izquierdo, hasta la mayor densidad en el extremo derecho, en conexión ya con el mundo de la materia densa. Bajo estos dos, un rectángulo blanco indica que estamos en la región de luz. La carta de color en la región oscura presenta un rectángulo negro en contraposición al blanco de la región de luz, indicando que estamos en la región de sombra. Sobre este, uno blanco y otro negro, que representa la dualidad que nace de la división (división que nosotros, los humanos albergamos dentro y por eso entramos en conflicto con nosotros o las circunstancia que os rodean), y esta división de va subdividiendo, hasta llegar a múltiples partes (plano de la multiplicidad en contraposición al uno original, que también poseemos: nuestro ego y sus múltiples caras) Esta abstracción dual se concretiza en los cuatro elementos (rosa-fuego, amarillo-aire, azul-agua, verde-tierra). Sobre éstos represento los doce signos del zodiaco, por ser la rueda del zodiaco el límite de la matriz entre lo contingente, que está dentro de la matriz, y lo trascendente, que está más allá de ella. Sobre cada uno de los signos indico su naturaleza elemental. 

Este cuadro habla del Hijo que trasciende la matriz de la materia virgen y toma forma a través del verbo divino en el reino de lo eterno; nos invita a salir de la matrix de lo aparente y transformar nuestra materia virgen a través de nuestro poder creador, en una obra trascendente y divina.